Escrito por: Diego Salazar

Los connacionales deportados de Estados Unidos viven un viacrucis antes de llegar a México, desde el momento que son aprehendidos, pasando por malos tratos en los centros de detención, hasta llegar esposados al país.

Los migrantes detenidos son enviados a México en alguno de los tres vuelos semanales que están programados los días lunes, martes y jueves, los cuales llegan a alguno de los 11 puntos fronterizos acordados. Todos viajan custodiados y esposados de pies y manos durante el trayecto.

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Así lo vivió Luis Fernando Ortiz, de 22 años de edad, quien llegó el pasado 24 de enero a la Ciudad de México después de permanecer 12 años en el país vecino y que fue detenido cuatro días después de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos.

Durante el Foro Agenda: New Comienzos, el joven narró que antes de llegar a México pasó por tres centros de detención de inmigrantes, ubicados en Wisconsin, Louisiana y Nuevo México. “Siempre que vas a salir de un centro, vamos amarrados todo el tiempo con esposas en las manos, cadena alrededor de la cintura y sujetado de los pies”.

Apuntó que a los oficiales poco les interesa el estado de salud de los migrantes, pues había adultos mayores con problemas y que requerían de un bastón para apoyarse al caminar, pero “a ellos no les importa”.

Cada semana, de acuerdo con autoridades del Gobierno de la Ciudad de México, los cerca de 400 migrantes deportados encuentran el respaldo de autoridades locales y federales a través del apoyo para regularizar su situación migratoria, un albergue temporal o el traslado al destino nacional que ellos elijan.

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