Escrito Por: Pablo Trejo Pérez

Una de las formas más interesantes de medir la pobreza tiene que ver con si a un trabajador le alcanza para comprar la canasta básica con el fruto de su trabajo.

México es el país donde se tiene una mayor distancia entre el salario y la línea de pobreza y en términos de poder adquisitivo, los mexicanos tienen un salario más bajo que en Guatemala, según el Informe del Observatorio de pobreza y desigualdad de la Universidad Iberoamericana de Puebla. El Informe, presentado en el Foro Internacional ¿Por qué persiste la pobreza y la desigualdad en México?, sostiene que la pobreza en América Latina persiste y coloca a la región como la más desigual del mundo. México, además, es el país más desigual de la región.

En México, sólo el 21% de la población puede comprar con sus ingresos la canasta básica, debido a que el salario mínimo es cinco veces menor de lo que debería recibir una familia.

Mucho de esto se debe a una mala concepción a la hora de determinar el salario mínimo y la misma canasta básica, ya que se piensa que el primero es individual y la canasta no contempla los artículos no alimentarios y de conservación, y de acuerdo con el informe, el 60% de la canasta son artículos no alimentarios.

Desde el año 2000 se observa que la pobreza por carencias cayó y se debe a las mejoras en el acceso a servicios a los servicios básicos de vivienda y salud, pero los ingresos bajaron. Así, la pobreza por ingresos pasa de 76% en 2000 a 79% en 2017, lo que quiere decir que el 79% de los mexicanos no puede comprar la canasta básica.

El 10% de la población se apropia del 67% de los ingresos, mientras que los deciles más bajos, que representan el 50% de la población más pobre, se apropia sólo del 6.8% del ingreso.

El documento sostiene que el salario mínimo no cumple lo establecido por la ley, pues éste tendría que situarse en 350 pesos diarios para que los mexicanos alcancen a cubrir sus necesidades. Al respecto unos datos:

  • El Artículo 123 Constitucional habla del salario mínimo y con 80 pesos al día no se cumple la ley, por lo que todos los trabajadores que estén en el mercado laboral deben tener una remuneración al nivel de la línea de bienestar, más allá de lo básico.
  • El 79% de la población nacional no puede comprar una canasta básica, a pesar del aumento de 7 pesos al salario mínimo decretado a finales de 2016.
  • El salario mínimo de México es cinco veces menor de lo que debería ser para que una familia se ubique por arriba de bienestar mínimo y en consecuencia, sólo el 21% puede comprar la canasta básica, incluido ahí el 10% de la población con mayores ingresos.
  • ¿Cómo pueden adquirir una canasta básica 65 millones de mexicanos, si sólo cuentan con el 6% de la riqueza? ¿Cómo vamos a aspirar a tener menor pobreza si el 1% tiene un ingreso equivalente al 90% de toda la población?

A la par de esto, el informe cita los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en particular el Índice Nacional de Precios al Consumidor, para mostrar como la espiral inflacionaria en México parece no tener fin. El país registró en marzo un aumento del 5.35% en los precios, su nivel más alto en los últimos ocho años.

Desde que inició el año, la economía de los hogares ha estado dominada por la liberalización de los precios de la gasolina y del gas de uso doméstico. Los cambios en el Índice Nacional de Precios al Consumidor están liderados por el incremento de hasta un 20% en el precio de la gasolina y 35% en el gas doméstico registrado en el tramo inicial del año.

El aumento de la gasolina, denominado gasolinazo, provocó protestas en todo el país desde que fue anunciado a finales del año pasado. Ante el peligro de un espiral inflacionaria, el Gobierno ha prometido vigilar a los comerciantes para evitar “aumentos injustificados” en los productos de la canasta básica. Sin embargo, algunas zonas del país han reportado incrementos importantes en alimentos cotidianos como la tortilla.

Ahora bien, a decir del Informe, la pobreza en México no es una situación de productividad, ya que la desigualdad y la pobreza son consecuencia de la estructura productiva misma. Para sostener este punto, se presentan dos datos fuertes:

  1. Actualmente el 74% de la población pobre, lo es por el factor de los ingresos, mientras que la pobreza general aumentó 3%, según el estudio realizado por la Ibero, situándose ahí el 65% de la población.
  2. Las categorías que bajan más a la pobreza son los trabajadores con salario mínimo; pasaron de representar el 63% de la población, al 82%. Esto nos habla del mal desempeño del Estado mexicano, al no poder cumplir con la remuneración adecuada y que debe estar por encima de la línea de bienestar mínimo establecida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

Una de las propuestas del documento es que en los países analizados el salario mínimo esté acorde a la línea de pobreza, ya que así se vincula con a las necesidades. Lo que se busca es que se vincule de manera intrínseca y natural la línea de pobreza con el salario mínimo.

De lo contrario estaremos ante pura simulación y sin un beneficio real a los mexicanos.

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