Por: Adalberto Villasana

La violencia en México es el pan de cada día, está en todas sus expresiones, en la discusión hogareña del desayuno, en la pelea de tránsito sin sentido, en el homicidio sin razón. Por lo que al recorrer la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería me llamó la atención la reflexión sobre la posibilidad de superar la cultura de la violencia.

Hoy en día padecemos la violencia de género, el acoso escolar, los crímenes de odio. Una vez más el cuestionamiento: qué hicimos, o qué dejamos de hacer como sociedad.

Dónde quedó la mexicana y el mexicano cordial, el que saludaba amablemente a su vecino por la mañana, en que cedía el paso a la gente mayor. Es el México que perdimos.

Recientemente el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong indició que el 67% de las mujeres en México es o ha sido víctima de violencia de género.

Y de lo que les hablaba, Gerardo Ávalos Tenorio, profesor-investigador de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), cuestiona en su libro Ética y política para tiempos violentos si esa condición puede superarse, en un ambiente dominado por altos índices de feminicidios, desapariciones forzadas, ejecuciones y un sinfín de actos que violan los derechos humanos.

Recuerda que de acuerdo con el reporte Feminicide: a global problem, 66,000 mujeres y niñas fueron asesinadas cada año en el mundo, entre 2004 y 2009; en México, cada día se cometen 6.4 delitos de este tipo y sólo en 2010 se reconocieron oficialmente 2,335 casos.

Al dar a conocer estas cifras durante la presentación de su libro en la 38 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, externó su preocupación ante el estallamiento de la violencia, “pero no como la habíamos pensado en su forma revolucionaria en la década de los setenta del siglo pasado, cuando se iba a implementar una sociedad justa y libre”.

Sin duda hay una decadencia como sociedad, una pérdida de valores importante, una actualidad en la que la posesión de bienes materiales superfluos y la frivolidad son el detonante de todo. Porque el raterillo no roba y mata por hambre, lo hacer para tener la motoneta, el teléfono móvil, el auto deportivo, cosas que le dan estatus, según sea el caso.

La violencia “estalló de manera desbordada y es una muestra sintomática de la ausencia de referentes básicos para regular y normar la conducta de los sujetos”. Si no hay respeto por la vida, dijo, si no se considera sagrada, entonces es fácil hacer de cada uno un ser humano al que se le puede dar muerte sin que ello sea condenado, sentenció Ávalos Tenorio.

Es de señalar que la obra –coeditada por la Unidad Xochimilco de la UAM, el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados de la LXIII Legislatura y la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres del Gobierno del Estado de Michoacán– concibe una serie de apartados cuyo eje principal es la ética.

Textualmente hay que decirlo: Estamos ante la necesidad de repensar los actuales conflictos a partir de una vasta interpretación teórica para garantizar la vida, la seguridad, los derechos civiles, sociales y, de ese modo, recuperar las reglas del juego social.

Deja un comentario